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jueves, 10 de agosto de 2023

De 11 de Agosto de 1820 --- El General Artigas al Cabildo de Misiones (carta)


 Que tal estimados lectores Artiguistas, este post nos lleva a viajar al mes de agosto de 1820. Còmo y què piensa Don Josè luego de las varias batallas mal sucedidas, esta carta posiblemente se encuentre entre las ùltimas escritas desde la liga de los pueblos libres (la ùltima es dirigida a Gaspar R. De Francia), espero les guste la misma por eso la comparto.

En la misma expresa que no viene a castigarlos, pero que meditasen sobre los engaños con que los seducía el Comandante Ramírez, al habla con los portugueses según un documento que adjuntaba.

 

                                                                                                                                De Agosto 11 de 1820.
    Me ha llenado de dolor el ver los trabajos que les han sobrevenido con el engaño con que Ramírez los sedujo. Las resultas de este fatal día van hasta la destrucción de toda la Provincia; este es el objeto que se propuso Ramírez dividiéndonos para que nos atacásemos unos con otros; pero teniendo esto en consideración no es permitido que se ensangriente una guerra entre hermanos y traigo reunidas todas las tropas y familias para que vuelvan a sus casas y se acabe todo. Este solo es el objeto que me trae, no el castigar a nadie, pues bien conozco que los han engañado y solo vengo a estrecharlos como a hijos y volverlos a unir a todos para que juntos defendamos el sistema. 

Ramírez va contra mí porque está unido con los Portugueses, como lo verán por el oficio que les incluyo, que se le quitó al chasque que lo conducía a Ramírez.
Desengáñense con tiempo, no crean a las expresiones engañosas con que los buscan, pues el objeto es separarlos de mi lado para encadenarlos. Recuerden lo que han hecho, hasta de los principios a proteger, y verán que sola para esclavizarlos los han mantenido; por fin V. S. mandeme lo más pronto su resolución para obrar según ella, y devuélvame el oficio del General Portugués que deseo obre en mi poder. 

Dios guarde a V. S. muchos años.
Campamento en marcha, Agosto 11 de 1820.
                                                                                                                                                José Artigas
                                            Al Muy Ilustre Cabildo Gobernador, Justicia y Regimiento de la Capital de
                                                                                                                                                     Misiones.

Fuente:

Archivo General de la Provincia de Corientes, que refieran el período 1812 a
1820 y que consignen la actuación en la Historia de Corrientes de los generales José Artigas y Francisco Ramírez

miércoles, 9 de agosto de 2023

ARTIGAS "EL AMERICANO"EN LA FIESTA DEL CARMEN, 9 de agosto de 1821

 

LA FIESTA DEL CARMEN, 8-9 de agosto de 1821, San Isidro Labrador de Curuguaty, a 102 años

Son pocos los testimonios orales que pudieron recogerse en esa aldea que muchas décadas más tarde, durante la Guerra de la Triple Alianza, fue totalmente quemada y destruida. Algunos de sus habitantes regresaron después de la masacre, y entre ellos, en el año 1926, Plácido Jara busco recuerdos. Hablo con dos ancianos de la villa, un hombre de ochenta años y una mujer de cien, que recordaban haber oído contar a sus mayores "haber llegado á Curuguaty enviado por al superior gobierno un ilustre expatriado y extranjero a quien se rendía respeto", agregando que un señor extranjero, más moreno que blanco, vistiendo un largo saco asistía a oír misa todos los domingos a la iglesia", El teniente cura de la iglesia de Curuguaty era el presbítero Venancio Toubé Dejó sus huellas en los documentos de aquella época y lo hizo de manera bastante notoria cometiendo "quebranto de opinión y otros excesos por el efecto de la bebida. En 1820 protagonizó un enfrentamiento con el comisionado general del Gobierno, el comandante subalterno don Roque de Vera. En esa ocasión según testigos el cura había atacado a don Roque "con un tizón de alumbrar", trabajosamente lo pudieron detener entre varios, a quienes golpeó furiosamente. Luego de inmovilizarlo lo dejaron dormir en su cama los sopores del alcohol. El desentendimiento con el comandante habría comenzado cuando, en ocasión en que se hallaban bebiendo Roque de Vera y otros, el cura Toubé se apareció con unos papeles en la mano y le pidió "que le diera licencia para pasar al Portugal", o sea a las tierras de Brasil que se abrían del otro lado de la cordillera del Mbaracayú. Le dijeron que no y todos se retiraron, cerrándose la puerta de la casa en la que se realizó el encuentro. Al poco rato regresó el cura con un cuchillo en la mano, tratando de forzar la puerta de la casa y amenazando con el puñal a todos lo que se acercaban. "Siempre que se toma se pone furioso", dijo un testigo. En aquel año de 1821 en que Artigas llegó a la villa, se realizaba los días 8 y 9 de agosto "la fiesta Patrona" dedicada a la Virgen de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Para tal fiesta fue invitado el presbítero José Vicente Orue, cura rector primero de la iglesia matriz de San Isidro Labrador, pero además vicario foráneo y juez eclesiástico del distrito, o sea: una alta dignidad eclesiástica. Quien lo invtaba era, precisamente, el problemático teniente cura Venancio Toubé.  El vicario Orué llegó a Curuguaty el día 7 y se hospedó en la casa del segundo comandante de la villa y teniente ministro, Miguel Gómez, quien le había hecho el honor de darle hospicio en ella" Luego de acomodar sus cosas en la casa de Gomez, Orué concurrió a la iglesia, donde se puso al frente de la ceremonia y celebró las vísperas, oficiándolas él mismo en el coro con los demás músicos. Convido a los feligreses, verbalmente, para el oficio a realizarse al día siguiente. Por la noche un numeroso grupo de vecinos se reunió con él en la casa del segundo comandan te Gómez, donde se estaba hospedando. Artigas estaba entre los concurrentes. Estaban reunidos cuando llegó el cura Toubé, quien "en presencia de mucho concurso, por un efecto de su acostumbrada embriaguez, obligó al expresado Teniente Ministro que suspendiera al Americano Don José Artigas, y otras personas decentes, que habíanse despedido ya del dueño de casa para alejarse a sus respectivas habitaciones". Del párrafo se desprende que la reunión era concurrida ("en presencia de muccho concurso"), el cura Toubé llegó tarde, pues algunos ya estaban despidiéndose… es que no contaba con la simpatía de ese grupo que al verlo llegar decidió retirarse y, manteniendo las formas, cumplieron con los saludos de rigor? El comportamiento del sacerdote frente al vicario fue violento e imperativo, con lo cual logró obligarlo a despedir a Artigas, quien, por otra parte, fue el único del grupo identificado por su nombre y apellido. Se destacaba. La violencia del sacerdote no se detuvo siquiera con la retirada pacífica de Artigas y del grupo que lo acompañaba. El vicario procuró calmar la situación diciéndole al cura "que los dejara ir pues que ya era hora de que se retiraran, lo cual oyendo el expresado Toubé y persistiendo en su obstinación agarró del brazo al mencionado [Vicario Orué] y con la fuerza que lo hizo por dos veces le rompió e puño de la camisa". Se le pidió que reparara aquel hecho y que se retirara a su morada. El cura, entonces, "montó en su propia cabalgadura como para retirarse (...) a poca distancia volvió, y apeándose, se enderezó hacia su Merced (Orué), que estaba sentado en la sala, en presencia de muchos circunstantes, así domésticos como extraños". Procuraron sacarlo del lugar, "se le arrastró y mandó con imperio y rectitud, que al día siguiente por ningún título ni pretexto entrara en su Iglesia ( Ante la ebriedad de Toubé el vicario había decidido presidir también la celebración del día siguiente, 8 de agosto. Al enterarse, el cura salió "montando con aceleración en su caballo". Se levantó el vicario Orué y "saliendo hasta las tranqueras de la casa, le mandó que por el desacato y audacia guardara arresto en la Sacristía de su Iglesia". El cura, entonces, "dando vuelta al caballo a la misma tranquera, contestó con desverguenza que no obedecía". Al oír esto, el vicario se volvió hacia el dueño de casa, el comandante Gómez, pidiendo auxilio para arrestarlo. El cura "ultrajó al expresado Comandante con palabras injuriosas, atrevidas, descompuestas y desatentas, que se omiten por la honestidad y política, dando a entender, que no le conocía por nadie y dejando burladas y ultrajadas aun las dos autoridades, la del vicario y el comandante. El expediente judicial abierto a raíz del escándalo es el que registra estas descripciones. Luego Toubé "tomó a toda disparada el camino hacia su casa, haciendo muchas injurias y cometiendo locos atentados contra las personas arriba mencionadas, así varones como mujeres, a quienes había querido detener y que traían el mismo rumbo que él, y los alcanzó". Era el grupo de "gente decente" que estaba con Artigas, que se habían retirado antes que el cura llegara a las manos y a los insultos contra d vicario y el comandante. Al alcanzarlos, repitió los insultos, "lo que también se mite por la brevedad de la sumaria", dice pudorosamente el documento. No hubo respuesta alguna por parte del grupo. ¿Se defendieron? ¿O callaron? Artigas, el principal injuriado, ¿no reaccionó? Lo único que consta es que el cura, después de cuyos hechos se enderezó, siguiendo el mismo rumbo, y pasando su casa, atropelló la habitación del Comandante Subalterno del mismo Partido D. Roque Vera, en donde se hallan custodiados los pertrechos y municiones de esta guardia y lo estrechó a que le suministrara un arma de fuego y dos cartuchos, que iba a hacer dos muertes aquella noche. ¿Alguna respuesta del grupo motivó su ira de tal forma? ¿Pudo provenir de Artigas? ¿Era a él-origen de su rechazo desde el primer momento-a quien que matar? ¿También al vicario? ¿O las dos muertes que deseaba hacer eran las del vicario y del comandante Gómez que lo quisieron arrestar? No consta en el documento. …

Espero derrubar un poco la muralla acerca de que no sabemos nada de los 30 años en el Paraguay.

Documento Oiriginal; A.N.A.,  Sumario al Teniente Cura Venancio Toubé sobre excesos practicados. py-ana-cyj-1636n1 PÁGINA 8 DESCARGAR AQUÍ (Pàgina del ANA en mantenimiento)

Texto; El Caudillo y el Dictador. Ana Ribeiro 

AGI, legajo Buenos Aires 156, 30-06-1810, correspondencia del Comandante del Apostadero

Naval de Montevideo, José de Salazar, carta nº 76, Salazar a Gabriel Ciscar

AGI, legajo Buenos Aires 218, 07-03-1818, Montevideo, expediente creado a partir de la solicitud

de María Francisca Pérez Rojo, mujer del Brigadier de Artillería Vicente Rosique,

Acuña de Figueroa, 1978, I, 359

Chaves, 1959, 53; documento del 2-10-1810

jueves, 29 de junio de 2023

29 de junio de 1815, Declaración de Independencia de José Artigas (Pueblos Libres - Asamblea Congreso de Oriente)

 A 208 años...

 El Congreso de Oriente o Congreso de los Pueblos Libres o Congreso del Arroyo de la China, fue una asamblea convocada por José Gervasio Artigas en Concepción del Uruguay en dónde sabemos por varias cartas posteriores se realizó en el mismo la primera Declaración de independencia de toda dominación extranjera sobre los territorios que confirmaban la liga federal,  hace exactamente hoy 207 años.

Los asistentes eran representantes de todas las provincias que integraban la liga de los Pueblos Libres (Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe, Córdoba y la Banda Oriental), en el marco de un proceso emancipador y fundacional para la historia del federalismo, donde se consolidaron tempranamente los valores democráticos de soberanía popular, autonomía provincial y, como dijo Artigas, “Libertad en toda su extensión imaginable”.


Entre varios, uno de los aspectos notables del Congreso de los Pueblos Libres fue su sistema de elección de delegados, en primera instancia para una asamblea en Montevideo, pero suspendida ésta se lo consideró válido para el Congreso de los Pueblos Libres. Se regía por una notable circular en la que quedaba claro el voto universal, sin distinción de clases, "encargando muy particularmente que los ciudadanos en quienes la mayoridad de sufragios haga recaer la elección para diputados, sean inmediatamente provistos de sus credenciales y poderes, y se pongan con toda prontitud en camino".
El Reglamento enviado al Cabildo de Montevideo era explícito: "Los ciudadanos de cada departamento concurrirán desde las nueve de la mañana hasta las cinco y media de la tarde del día subsiguiente a la recepción de la orden de esta data, a las casas que indiquen los respectivos presidentes, a nombrar tres electores correspondientes a su distrito. El voto irá bajo una cubierta cerrada y sellada: y el sobre en blanco. En la mesa del presidente firmará todo sufragante su nombre en el sobrescrito, que también se rubricará por aquél, y un Escribano que debe serle asociado. El Escribano numerará y anotará los papeles entregados por los votantes echándolos en una caja, que concluida la hora se conducirá cerrada al Muy Ilustre Cabildo, el cual abrirá las cuatro sucesivamente, y cotejando en cada uno los votos con la numeración y anotación procederá al escrutinio. (…) Se pondrá muy particular esmero en que todo se verifique con la mayor sencillez posible, cuidando que el resultado sea simplemente la voluntad general".
Quizás pueda afirmarse que la esencia política del federalismo de entonces fuera el "sufragio universal" abierto a todos los que desearan expresar su voto, sin distinción de ninguna especie, tan opuesto al elitismo de las "clases decentes" del unitarismo. Así lo estableció el Reglamento de 1815; también las constituciones de los "Pueblos Libres" Santa Fe y Entre Ríos. Y lo admirable es que en aquellos tiempos el sufragio universal era una novedad absoluta en todo el planeta.
En el Congreso, como estaba planeado, se trató la política agraria y el comercio interprovincial y con el extranjero, resolviendo que se confeccionara un reglamento para el fomento de la campaña, poblada por inmensos latifundios que despoblaban y no explotaban las feraces pampas litorales. En cumplimiento de ello, Artigas sancionó el 10 de septiembre de 1815 el "Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el Fomento de la Campaña y Seguridad de sus Hacendados", que fue la primera reforma agraria de Latinoamérica. Consistía en la confiscación de propiedades de "malos europeos y peores americanos", adversarios de la revolución patriota, para distribuirlas y así ser leales con las bases populares que constituían la fuerza del Artiguismo.
 

Algunas conclusiones
Este Congreso, destacado por diversos autores como el “primer Congreso netamente federal de Hispano América”, habrá de señalar el apogeo político de Artigas.
En él aparecen expuestos, con meridiana claridad, dos de los principios que alumbraron su derrotero: independencia absoluta de todo poder extraño a estos territorios, organización institucional federal para las Provincias Unidas del Río de la Plata. Estos planteos, que colisionaban abiertamente con los designios políticos que sostenía el puerto de Buenos Aires, seguramente son los que llevaron a que este Congreso pasara desapercibido en la historiografía oficial.
Más información, Wikipedia
Fuentes: El Litoral, Infobae


Un puñado de ranchos, recibio a los diputados que votaron por la libertad de una nueva  Nación.

Con Libertad, no ofendo ni temo





https://youtu.be/StgcVmzbHfY

sábado, 10 de junio de 2023

Invitación: Actividad a desarrollarse en el marco del 259 aniversario del natalicio del procer gral. Don José Gervasio Artigas.

 Invitación: Actividad a desarrollarse en el marco del 259 aniversario del natalicio del procer gral. Don José Gervasio Artigas. Viernes 16 de Junio, 19 hrs., Escuela Artigas del Solar de Artigas. Avda Primer Presidente esquina Avda. Artigas. Asunción. Les esperamos.


 

domingo, 14 de mayo de 2023

14-05-1913 Discurso de Juan E. O'Leary ( Yegros-Artigas)

 

Hoy de cumplen 110 años de este sublime discurso del dr. Oleary

Texto 1913 ....La juventud oriental organizó, hace pocos meses, una peregrinación civica a la Asunción del Paraguay, determinada por dos motivos simpáticos y poderosos: saludar al país hermano en el aniversario de su independencia y cubrir de flores el sitio que fué tumba, en la vida y en la muerte, del ge neral José Artigas.

DIA 14 9 a. m. Recepción en la Universidad.. Harán uso de la palabra los -- - doctores Manuel Domínguez, Ignacio A. Pane y el señor Juan E. O'Leary.

Cerró el acto el director del Colegio Nacional, señor Juan E. O'Leary. El inspirado cantor de nuestras glorias habló en la siguiente forma:

 "Señores: La juventud paraguaya ha querido que fuera yo quien en su nombre os diera la bienvenida en esta casa que es como el ALMA MATER del Paraguay moderno. Ella me ha pedido, también, que os expresara el inmenso júbilo que llena su alma al veros en nuestra tierra, materializando con vuestra presencia viejos afectos, cultivados al través del tiempo y de la distancia. Ella desea, en fin, que yo interprete sus sentimientos hacia la gran patria oriental y hacia sus hijos heroicos y caballerescos. Pues bien, señores: escuchad el mensaje, y en la torpeza de mis palabras no busquéis sino la expresión de mi sinceridad. Vosotros sabéis, orientales hermanos, que por sobre todas las virtudes de nuestra raza ha estado siempre nuestra inflexible lealtad, ya que por acabar de ser leales lo fuimos hasta con el infortunio, con la derrota y con la muerte. Podéis, pues, creer que cuanto vais a oir es apenas un débil acento de lo que todos los paraguayos llevamos para vosotros en nuestro corazón sin dobleces, sentimientos tan profundamente arraigados que nada ha podido debilitar, ni aún la locura de los tiempos, ni aún los horrores de la guerra, en dias que nosotros ni siquiera recordamos ya... Y la verdad es que nuestra simpatia viene de lejos y que su explicación no es dificil si pedimos a la historia que ilumine las tinieblas del pasado. Nuestras patrias vinieron a la vida en la misma hora, bajo idéntico des- tino. Una misma fatalidad pesó sobre las dos, un mismo anhelo las empujó adelante y los mismos contrastes se interpusieron en su camino. La geografia perfiló los caracteres singulares de la raza, y, dentro de la gran familia rio- platense, tuvimos nuestras fronteras morales, contra las cuales se estrellaron al Norte y al Sud las mismas ambiciones vecinales. No necesito recordaros en todos sus detalles este estrecho paralelismo de nuestro ayer, ni necesito insistir sobre las infinitas afinidades de nuestros pueblos. Pero he de evocar el recuerdo de un episodio de nuestra común historia que es como la consagración de esa alianza espiritual que siempre ha existido entre nosotros: Era la hora crepuscular, anunciadora del claro amanecer de un nuevo dia. Extraños rumores flotaban sobre el ambiente de la dormida colonia. El des- contento empezaba a agitar a los criollos, hasta entonces sumisos al yugo español. Nada había, pero los horizontes se oscurecian, y oídos bien expertos podian percibir el apagado rumor de la lejana tempestad. El virreinato, tran quilo en apariencia, era como un volcán en cuyas entrañas el fuego preparaba la erupción. Y ya lo sabéis, la vieja Albión precipitó los acontecimientos, lle gando a nuestras puertas, en son de guerra y de conquista, fiada en nuestra secular docilidad, en nuestra antigua mansedumbre. Buenos Aires se irguió con arrogancia, Montevideo se aprestó también a la pelea... y el Paraguay acudió resuelto al primer llamado de sus hermanos en peligro. La lucha fué terrible, revelándose un nuevo factor en el drama de la his- toria, factor activo, enérgico, avasallador, llamado a producir transforma ciones radicales y a operar milagros ni siquiera sospechados. Ese factor era el hombre americano, con cuya acción el mundo no contaba, y bajo cuyo in- flujo redentor iba a florecer la libertad a la faz de la Europa esclavizada! Salvada la vencida Capital, gracias a nuestro eficaz apoyo, los ingleses volvieron la vista a Montevideo, dirigiéndose contra ella. En tan apurado trance el desgraciado Marqués de Sobremonte corrió en vuestra defensa, al frente de un poderoso núcleo de milicianos, reclutados en las diversas provincias del virreinato. Entre ellos iban muchos centenares de paraguayos, a las ordenes del comandante José Antonio Yegros, padre del futuro prócer de nues tra independencia. Atacado por el invasor en los alredores de la ciudad, Si bremonte no supo sacar partido de los elementos de que disponía, sacrificando torpemente a sus soldados y dándose a la fuga, apenas empezada la batalla. Los jinetes paraguayos, entre los que estaba el después brigadier  Fulgencio Yegros, y los jinetes orientales, entre los que estaba el después general José Gervasio Artigas, pelearon juntos, resistieron juntos, murieron juntos, bajo el tremendo fuego de los cañones enemigos... ¡Gervasio Artigas y Fulgencio Yegros! ¡Pensadlo bien, hermanos orientales! ¿No son acaso esos dos hombres providencia es la encarnación viviente de su raza y la síntesis humana de nuestra historia patria? Artigas era el Uruguay que iba a nacer; Yegros el Paraguay que se acer-caba. Los dos confundidos en el heroismo, abrazados en el peligro, juntos ante la muerte, eran como una revelación de nuestro destino, anudaban lazos que nunca se habían de romper, señalaban rumbos al porvenir. Yegros y Artigas sellaban asi, al pie de los muros de Montevideo, un pacto que todas las vicisitudes de nuestra tormentosa existencia no habían de des-truir. Y la sangre de nuestro héroe, herido de muerte en la batalla, rubricó aquel épico encuentro de dos pueblos, aquella fusión de dos razas, aquella comunión de dos patrias en un solo ideal de libertad. He aquí el punto de partida de esta corriente de hondo afecto y de inquebrantable simpatía que nos une, suprimiendo distancias, haciendo rimar los latidos de nuestro corazón en una indestructible fraternidad. De alli arranca esa afinidad de sentimientos entre paraguayos y orientales, que si alguna vez parece turbada por la demencia de los hombres, es sólo para resurgir más vigorosa, para asegurar definitivamente su imperio, para echar más hondas raices en las entrañas de nuestro pueblo. Quizá Artigas no presintió que a su lado caia Yegros, vale decir el Para guay, para levantarse vencedor del polvo de la derrota. Quizá Yegros no sospechó que junto a él era vencido aquel obscuro blandengue, en cuya alma de fuego ardia el patriotismo charrúa, inmenso predestinado de vuestra historia, condensación luminosa de esos vagos instintos de la raza a los que él dió forma, a los que él dió vida, pronunciando la primera palabra de vuestro génesis. Pero desde aquella sangrienta encrucijada en que se puso a prueba el temple de nuestro espiritu. partieron los dos profetas, el uno hacia vuestras cuchillas, el otro hacia nuestras selvas, sombrios y meditabundos, des-lumbrados por la misma revelación. Y cuando sonó la hora del peligro, lan zados en pos de! mismo ideal, detenidos por idénticos obstáculos, amenazados en su obra y desconocidos en su empresa por la misma implacable madrastra, Artigas y Yegros se buscaron a la distancia, como viejos camaradas, y sus miradas se encontraron, si bien sus anhelos salvadores no pudieron fundirse en la realidad de los hechos. Estaba escrito que ellos arrojarian la semilla y la fecundarian con sus lágrimas y con su sangre, pero que no verían bri llar el dia del triunfo, el dia bendito de la sacra cosecha, desde los umbrales del hogar feliz, en medio de sus pueblos redimidos. Y cuando llegó para el patriarca el instante inicial de su larga agonía, en aquel melancólico declinar de su fortuna, desecha honores, rechaza preben- das, agradece gentiles ofrecimientos, y, doblando sobre el pecho la cabeza, pone al trote su fatigado caballo de batalla, que en diez años no ha tenido una hora de descanso... y marcha al Paraguay! Fulgencio Yegros, y los jinetes orientales, entre los que estaba el después general José Gervasio Artigas, pelearon juntos, resistieron juntos, murieron juntos, bajo el tremendo fuego de los cañones enemigos... ¡Gervasio Artigas y Fulgencio Yegros! ¡Pensadlo bien, hermanos orientales! ¿No son acaso esos dos hombres providencia es la encarnación viviente de su raza y la síntesis humana de nuestra historia patria? Artigas era el Uruguay que iba a nacer; Yegros el Paraguay que se acer caba. Los dos confundidos en el heroismo, abrazados en el peligro, juntos ante la muerte, eran como una revelación de nuestro destino, anudaban lazos que nunca se habían de romper, señalaban rumbos al porvenir. Yegros y Artigas sellaban asi, al pie de los muros de Montevideo, un pacto que todas las vicisitudes de nuestra tormentosa existencia no habían de destruir. Y la sangre de nuestro héroe, herido de muerte en la batalla, rubricó aquel épico encuentro de dos pueblos, aquella fusión de dos razas, aquella comunión de dos patrias en un solo ideal de libertad. He aquí el punto de partida de esta corriente de hondo afecto y de inquebrantable simpatía que nos une, suprimiendo distancias, haciendo rimar los latidos de nuestro corazón en una indestructible fraternidad. De alli arranca esa afinidad de sentimientos entre paraguayos y orientales, que si alguna vez parece turbada por la demencia de los hombres, es sólo para resurgir más vigorosa, para asegurar definitivamente su imperio, para echar más hondas raices en las entrañas de nuestro pueblo. Quizá Artigas no presintió que a su lado caia Yegros, vale decir el Para- guay, para levantarse vencedor del polvo de la derrota. Quizá Yegros no sospechó que junto a él era vencido aquel obscuro blandengue, en cuya alma de fuego ardia el patriotismo charrúa, inmenso predestinado de vuestra historia, condensación luminosa de esos vagos instintos de la raza a los que él dió forma, a los que él dió vida, pronunciando la primera palabra de vuestro génesis. Pero desde aquella sangrienta encrucijada en que se puso a prueba el temple de nuestro espiritu. partieron los dos profetas, el uno hacia vues tras cuchillas, el otro hacia nuestras selvas, sombrios y meditabundos, des- lumbrados por la misma revelación. Y cuando sonó la hora del peligro, lan zados en pos de! mismo ideal, detenidos por idénticos obstáculos, amenazados en su obra y desconocidos en su empresa por la misma implacable madrastra, Artigas y Yegros se buscaron a la distancia, como viejos camaradas, y sus miradas se encontraron, si bien sus anhelos salvadores no pudieron fundirse en la realidad de los hechos. Estaba escrito que ellos arrojarian la semilla y la fecundarian con sus lágrimas y con su sangre, pero que no verían brillar el dia del triunfo, el dia bendito de la sacra cosecha, desde los umbrales del hogar feliz, en medio de sus pueblos redimidos. Y cuando llegó para el patriarca el instante inicial de su larga agonía, en aquel melancólico declinar de su fortuna, desecha honores, rechaza preben- das, agradece gentiles ofrecimientos, y, doblando sobre el pecho la cabeza, pone al trote su fatigado caballo de batalla, que en diez años no ha tenido una hora de descanso... y marcha al Paraguay! devolviéndonos esos sangrientos despojos de nuestro heroismo sin fortuna, renunciando a una herencia de odios que vuestra nobleza repudiaba, para im ponernos solamente una deuda de gratitud... Y tendréis la explicación de ese creciente cariño hacia vosotros que las nuevas generaciones paraguayas han recibido de sus mayores, y de ese intenso júbilo con que os vemos llegar a nuestras playas, como a ausentes queridos, por cuya vuelta suspirábamos. Y como si aun no fuesen suficientes tantos vínculos, vuestra generosidad ha querido sellar, una vez más, esta estrecha fraternidad, fundiendo en bronce vuestro afecto, para dejar sobre la tumba del guerrero que simboliza nuestra esperanza en el desastre, el homenaje del Uruguay de hoy en los laureles de una corona. ¡Gracias, hermanos! El presente y el pasado se refunden asi en la gran memoria de Artigas. Yegros y Díaz no son sino la Patria misma en marcha hacia el porvenir. Con la sangre del uno se firmó el primer pacto en vuestra tierra, sobre el sepulcro del otro va a confirmarse la eternidad de ese abrazo que impusiera el Sembrador. Pero, por sobre todo, está él, su espíritu flota sobre nuestra vida, como sobre el caos el espíritu de Dios. Somos hermanos en El, y lo seremos, a pesar de todos nuestros errores y extravios, porque más poderosa que nuestras pasiones, y más grande que nuestras debilidades, es la sugestión de su recuerdo!"

 







 Fuente: Paraguay-Uruguay las fiestas de confraternidad celebradas en Asuncion con motivo de la peregrinacion ,  Por Adriano Irala y Santino Burgos .Bs.As.1913