https://youtu.be/OQj3UR5QfXY
jueves, 18 de mayo de 2023
domingo, 14 de mayo de 2023
14-05-1913 Discurso de Juan E. O'Leary ( Yegros-Artigas)
Hoy de cumplen 110 años de este sublime discurso del dr. Oleary
Texto 1913 ....La juventud oriental organizó, hace pocos meses, una peregrinación civica a la Asunción del Paraguay, determinada por dos motivos simpáticos y poderosos: saludar al país hermano en el aniversario de su independencia y cubrir de flores el sitio que fué tumba, en la vida y en la muerte, del ge neral José Artigas.
DIA 14 9 a. m. Recepción en la Universidad.. Harán uso de la palabra los -- - doctores Manuel Domínguez, Ignacio A. Pane y el señor Juan E. O'Leary.
Cerró el acto el director del Colegio Nacional, señor Juan E. O'Leary. El inspirado cantor de nuestras glorias habló en la siguiente forma:
"Señores: La juventud paraguaya ha querido que fuera yo quien en su nombre os diera la bienvenida en esta casa que es como el ALMA MATER del Paraguay moderno. Ella me ha pedido, también, que os expresara el inmenso júbilo que llena su alma al veros en nuestra tierra, materializando con vuestra presencia viejos afectos, cultivados al través del tiempo y de la distancia. Ella desea, en fin, que yo interprete sus sentimientos hacia la gran patria oriental y hacia sus hijos heroicos y caballerescos. Pues bien, señores: escuchad el mensaje, y en la torpeza de mis palabras no busquéis sino la expresión de mi sinceridad. Vosotros sabéis, orientales hermanos, que por sobre todas las virtudes de nuestra raza ha estado siempre nuestra inflexible lealtad, ya que por acabar de ser leales lo fuimos hasta con el infortunio, con la derrota y con la muerte. Podéis, pues, creer que cuanto vais a oir es apenas un débil acento de lo que todos los paraguayos llevamos para vosotros en nuestro corazón sin dobleces, sentimientos tan profundamente arraigados que nada ha podido debilitar, ni aún la locura de los tiempos, ni aún los horrores de la guerra, en dias que nosotros ni siquiera recordamos ya... Y la verdad es que nuestra simpatia viene de lejos y que su explicación no es dificil si pedimos a la historia que ilumine las tinieblas del pasado. Nuestras patrias vinieron a la vida en la misma hora, bajo idéntico des- tino. Una misma fatalidad pesó sobre las dos, un mismo anhelo las empujó adelante y los mismos contrastes se interpusieron en su camino. La geografia perfiló los caracteres singulares de la raza, y, dentro de la gran familia rio- platense, tuvimos nuestras fronteras morales, contra las cuales se estrellaron al Norte y al Sud las mismas ambiciones vecinales. No necesito recordaros en todos sus detalles este estrecho paralelismo de nuestro ayer, ni necesito insistir sobre las infinitas afinidades de nuestros pueblos. Pero he de evocar el recuerdo de un episodio de nuestra común historia que es como la consagración de esa alianza espiritual que siempre ha existido entre nosotros: Era la hora crepuscular, anunciadora del claro amanecer de un nuevo dia. Extraños rumores flotaban sobre el ambiente de la dormida colonia. El des- contento empezaba a agitar a los criollos, hasta entonces sumisos al yugo español. Nada había, pero los horizontes se oscurecian, y oídos bien expertos podian percibir el apagado rumor de la lejana tempestad. El virreinato, tran quilo en apariencia, era como un volcán en cuyas entrañas el fuego preparaba la erupción. Y ya lo sabéis, la vieja Albión precipitó los acontecimientos, lle gando a nuestras puertas, en son de guerra y de conquista, fiada en nuestra secular docilidad, en nuestra antigua mansedumbre. Buenos Aires se irguió con arrogancia, Montevideo se aprestó también a la pelea... y el Paraguay acudió resuelto al primer llamado de sus hermanos en peligro. La lucha fué terrible, revelándose un nuevo factor en el drama de la his- toria, factor activo, enérgico, avasallador, llamado a producir transforma ciones radicales y a operar milagros ni siquiera sospechados. Ese factor era el hombre americano, con cuya acción el mundo no contaba, y bajo cuyo in- flujo redentor iba a florecer la libertad a la faz de la Europa esclavizada! Salvada la vencida Capital, gracias a nuestro eficaz apoyo, los ingleses volvieron la vista a Montevideo, dirigiéndose contra ella. En tan apurado trance el desgraciado Marqués de Sobremonte corrió en vuestra defensa, al frente de un poderoso núcleo de milicianos, reclutados en las diversas provincias del virreinato. Entre ellos iban muchos centenares de paraguayos, a las ordenes del comandante José Antonio Yegros, padre del futuro prócer de nues tra independencia. Atacado por el invasor en los alredores de la ciudad, Si bremonte no supo sacar partido de los elementos de que disponía, sacrificando torpemente a sus soldados y dándose a la fuga, apenas empezada la batalla. Los jinetes paraguayos, entre los que estaba el después brigadier Fulgencio Yegros, y los jinetes orientales, entre los que estaba el después general José Gervasio Artigas, pelearon juntos, resistieron juntos, murieron juntos, bajo el tremendo fuego de los cañones enemigos... ¡Gervasio Artigas y Fulgencio Yegros! ¡Pensadlo bien, hermanos orientales! ¿No son acaso esos dos hombres providencia es la encarnación viviente de su raza y la síntesis humana de nuestra historia patria? Artigas era el Uruguay que iba a nacer; Yegros el Paraguay que se acer-caba. Los dos confundidos en el heroismo, abrazados en el peligro, juntos ante la muerte, eran como una revelación de nuestro destino, anudaban lazos que nunca se habían de romper, señalaban rumbos al porvenir. Yegros y Artigas sellaban asi, al pie de los muros de Montevideo, un pacto que todas las vicisitudes de nuestra tormentosa existencia no habían de des-truir. Y la sangre de nuestro héroe, herido de muerte en la batalla, rubricó aquel épico encuentro de dos pueblos, aquella fusión de dos razas, aquella comunión de dos patrias en un solo ideal de libertad. He aquí el punto de partida de esta corriente de hondo afecto y de inquebrantable simpatía que nos une, suprimiendo distancias, haciendo rimar los latidos de nuestro corazón en una indestructible fraternidad. De alli arranca esa afinidad de sentimientos entre paraguayos y orientales, que si alguna vez parece turbada por la demencia de los hombres, es sólo para resurgir más vigorosa, para asegurar definitivamente su imperio, para echar más hondas raices en las entrañas de nuestro pueblo. Quizá Artigas no presintió que a su lado caia Yegros, vale decir el Para guay, para levantarse vencedor del polvo de la derrota. Quizá Yegros no sospechó que junto a él era vencido aquel obscuro blandengue, en cuya alma de fuego ardia el patriotismo charrúa, inmenso predestinado de vuestra historia, condensación luminosa de esos vagos instintos de la raza a los que él dió forma, a los que él dió vida, pronunciando la primera palabra de vuestro génesis. Pero desde aquella sangrienta encrucijada en que se puso a prueba el temple de nuestro espiritu. partieron los dos profetas, el uno hacia vuestras cuchillas, el otro hacia nuestras selvas, sombrios y meditabundos, des-lumbrados por la misma revelación. Y cuando sonó la hora del peligro, lan zados en pos de! mismo ideal, detenidos por idénticos obstáculos, amenazados en su obra y desconocidos en su empresa por la misma implacable madrastra, Artigas y Yegros se buscaron a la distancia, como viejos camaradas, y sus miradas se encontraron, si bien sus anhelos salvadores no pudieron fundirse en la realidad de los hechos. Estaba escrito que ellos arrojarian la semilla y la fecundarian con sus lágrimas y con su sangre, pero que no verían bri llar el dia del triunfo, el dia bendito de la sacra cosecha, desde los umbrales del hogar feliz, en medio de sus pueblos redimidos. Y cuando llegó para el patriarca el instante inicial de su larga agonía, en aquel melancólico declinar de su fortuna, desecha honores, rechaza preben- das, agradece gentiles ofrecimientos, y, doblando sobre el pecho la cabeza, pone al trote su fatigado caballo de batalla, que en diez años no ha tenido una hora de descanso... y marcha al Paraguay! Fulgencio Yegros, y los jinetes orientales, entre los que estaba el después general José Gervasio Artigas, pelearon juntos, resistieron juntos, murieron juntos, bajo el tremendo fuego de los cañones enemigos... ¡Gervasio Artigas y Fulgencio Yegros! ¡Pensadlo bien, hermanos orientales! ¿No son acaso esos dos hombres providencia es la encarnación viviente de su raza y la síntesis humana de nuestra historia patria? Artigas era el Uruguay que iba a nacer; Yegros el Paraguay que se acer caba. Los dos confundidos en el heroismo, abrazados en el peligro, juntos ante la muerte, eran como una revelación de nuestro destino, anudaban lazos que nunca se habían de romper, señalaban rumbos al porvenir. Yegros y Artigas sellaban asi, al pie de los muros de Montevideo, un pacto que todas las vicisitudes de nuestra tormentosa existencia no habían de destruir. Y la sangre de nuestro héroe, herido de muerte en la batalla, rubricó aquel épico encuentro de dos pueblos, aquella fusión de dos razas, aquella comunión de dos patrias en un solo ideal de libertad. He aquí el punto de partida de esta corriente de hondo afecto y de inquebrantable simpatía que nos une, suprimiendo distancias, haciendo rimar los latidos de nuestro corazón en una indestructible fraternidad. De alli arranca esa afinidad de sentimientos entre paraguayos y orientales, que si alguna vez parece turbada por la demencia de los hombres, es sólo para resurgir más vigorosa, para asegurar definitivamente su imperio, para echar más hondas raices en las entrañas de nuestro pueblo. Quizá Artigas no presintió que a su lado caia Yegros, vale decir el Para- guay, para levantarse vencedor del polvo de la derrota. Quizá Yegros no sospechó que junto a él era vencido aquel obscuro blandengue, en cuya alma de fuego ardia el patriotismo charrúa, inmenso predestinado de vuestra historia, condensación luminosa de esos vagos instintos de la raza a los que él dió forma, a los que él dió vida, pronunciando la primera palabra de vuestro génesis. Pero desde aquella sangrienta encrucijada en que se puso a prueba el temple de nuestro espiritu. partieron los dos profetas, el uno hacia vues tras cuchillas, el otro hacia nuestras selvas, sombrios y meditabundos, des- lumbrados por la misma revelación. Y cuando sonó la hora del peligro, lan zados en pos de! mismo ideal, detenidos por idénticos obstáculos, amenazados en su obra y desconocidos en su empresa por la misma implacable madrastra, Artigas y Yegros se buscaron a la distancia, como viejos camaradas, y sus miradas se encontraron, si bien sus anhelos salvadores no pudieron fundirse en la realidad de los hechos. Estaba escrito que ellos arrojarian la semilla y la fecundarian con sus lágrimas y con su sangre, pero que no verían brillar el dia del triunfo, el dia bendito de la sacra cosecha, desde los umbrales del hogar feliz, en medio de sus pueblos redimidos. Y cuando llegó para el patriarca el instante inicial de su larga agonía, en aquel melancólico declinar de su fortuna, desecha honores, rechaza preben- das, agradece gentiles ofrecimientos, y, doblando sobre el pecho la cabeza, pone al trote su fatigado caballo de batalla, que en diez años no ha tenido una hora de descanso... y marcha al Paraguay! devolviéndonos esos sangrientos despojos de nuestro heroismo sin fortuna, renunciando a una herencia de odios que vuestra nobleza repudiaba, para im ponernos solamente una deuda de gratitud... Y tendréis la explicación de ese creciente cariño hacia vosotros que las nuevas generaciones paraguayas han recibido de sus mayores, y de ese intenso júbilo con que os vemos llegar a nuestras playas, como a ausentes queridos, por cuya vuelta suspirábamos. Y como si aun no fuesen suficientes tantos vínculos, vuestra generosidad ha querido sellar, una vez más, esta estrecha fraternidad, fundiendo en bronce vuestro afecto, para dejar sobre la tumba del guerrero que simboliza nuestra esperanza en el desastre, el homenaje del Uruguay de hoy en los laureles de una corona. ¡Gracias, hermanos! El presente y el pasado se refunden asi en la gran memoria de Artigas. Yegros y Díaz no son sino la Patria misma en marcha hacia el porvenir. Con la sangre del uno se firmó el primer pacto en vuestra tierra, sobre el sepulcro del otro va a confirmarse la eternidad de ese abrazo que impusiera el Sembrador. Pero, por sobre todo, está él, su espíritu flota sobre nuestra vida, como sobre el caos el espíritu de Dios. Somos hermanos en El, y lo seremos, a pesar de todos nuestros errores y extravios, porque más poderosa que nuestras pasiones, y más grande que nuestras debilidades, es la sugestión de su recuerdo!"
Fuente: Paraguay-Uruguay las fiestas de confraternidad celebradas en Asuncion con motivo de la peregrinacion , Por Adriano Irala y Santino Burgos .Bs.As.1913
miércoles, 28 de diciembre de 2022
Lanzamiento del sello postal conmemorativo del “202 Aniversario del Ingreso del General José Artigas a Paraguay”
La Embajada de la República Oriental del Uruguay y la Dirección Nacional de Correos de la República del Paraguay presentaron este miércoles 28 de diciembre en la Sede de la Embajada, un sello postal conmemorativo del “202 Aniversario del Ingreso del General José Artigas a Paraguay”
Este acontecimiento, que se recuerda un 5 de septiembre de 1820, marca profundamente la relación entre los Pueblos uruguayo y paraguayo, además por ser el primer asilo politico de América
El arte para este nuevo sello fue diseñado por la joven artista uruguaya Florencia de Palleja, a partir de una tradicional semblanza de Artigas de obra del Maestro Carlos María Herrera, que revive el momento del cruce del Río Paraná, por el Paso de Itapúa.
Cabe destacar que por primera vez podemos observar en la obra que Artigas no estaba solo, se aprecia parte del contingente de lanceros-as atravesando el rio, nuestras felicitaciones para la artista por esta gestión inclusiva del olvidado pueblo del .protectorado de Don José.
Felicitaciones al equipo consular y autoridades por dicho evento que es ademas el primero de tres sellos conmemorativos que se publicaran hasta el año 2024
El costo de cada estampilla es de gs 3000 (usd0,41)y se realizaron 5000 de los mismos.
PUBLICACION EN PRENSA https://www.abc.com.py/internacionales/2022/12/28/embajada-de-uruguay-y-la-dnc-presentan-sello-postal-conmemorativo-del-procer-general-artigas/
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miércoles, 7 de diciembre de 2022
viernes, 11 de noviembre de 2022
Nuevo mural, en homenaje al General José Artigas, en el patio principal de la Escuela Artigas en el Solar de Artigas de Asunción
Este jueves 10 de Noviembre @min_ocho (vero) develó su nuevo mural, en homenaje al General José Artigas, en el patio principal de la Escuela Artigas en el Solar de Artigas de Asunción @escuelaartigas_solar_deartigas @anep_uruguay sentida acción artística que fue acompañada con entusiasmo, curiosidad y sobretodo, respeto y admiración hacia la figura de nuestro Prócer, por todos los alumnos de la escuela. La actividad fue coordinada por el Consejero Martín Lorieto y contó con el apoyo —y fundamental complicidad— del cuerpo docente de la centenaria institución @cancilleriauruguay @mec_uruguay @culturamec @mec.py Info Instagram ; Cuenta oficial de la Embajada del Uruguay en Paraguay https://www.instagram.com/p/Ckyfx-0r5iT/?igshid=NjZiMGI4OTY%3D&fbclid=IwAR1-ufGb6F79wlv1McqMj2Mdo87JFDswbOKItF9vgXZ2-x66tD6-fLCuyD4
jueves, 22 de septiembre de 2022
A 172 años de la muerte de don José Gervasio Artigas, el "22" de septiembre de 1850
Una nueva comemoración del fallecimiento de Artigas es un buen momento para recordarlo y poner en práctica una nueva revisión de los hechos en esa jornada de domingo 22 de septiembre de 1850, a 172 años.
Para homenajear al gran prócer de América, de la soñada patria grande pensamos de nuevo en commemorar esta fecha con un texto de Elisa Menéndez, primera mujer en escribir sobre Artigas. A los 17 años fue Directora de la Escuela Artigas en el solar de Asunción del Paraguay, y paralelo a ello desarrolló una tarea como investigadora histórica, escribiendo obras como “Antes de 1810”, y “Artigas defensor de la Democracia Americana”, de esta última obra compartimos el texto referido a la muerte del General.
LA MUERTE DE ARTIGAS
Tanto
se ha escrito sobre este hecho, que algunos autores han llegado a
novelarlo rodeándolo de detallesdramáticos. Unos ven al anciano yacente
dejar el lecho y arrodillarse a recibir el Viático; otros lo describen
pidiendo su caballo porque quiere morir montado, o viendo cómo el
humilde vecindario se arrodilla al paso del fúnebre cortejo.
Lejos de
nosotros la idea de desautorizar tales suposiciones. Después de leer lo
que se ha escrito al respecto, compulsándolo con los documentos
fehacientes que han quedado, llegamos a la conclusión que el deceso se
produjo en forma normal, casi repentinamente. El sepelio se realizó en
la intimidad de pocas personas; las cuales, creemos, ignoraban que ese
viejecito humilde que entregaban a la tierra, era el adalid de la causa
republicana. Naturalmente debemos descartar de esa ignorancia a algunas
personalidades que habitaban en su vecindad, como López y sus
familiares, el ministro del Brasil Pimienta Bueno y algunas otras
personas superiores al medio ambiente.
Para el sencillo vecindario,
don José Artigas no era más que un “caraí extranjero”, que no ha mucho
había venido a morar entre ellos. Nada más sabían de su vida.
Si bien
el gobierno de don Carlos Antonio López era más humano y progresista
que el de su antecesor, no lo era mucho en cuanto a libertad de
pensamiento. En su dictadura de dieciocho años sólo hubo en el país un
periódico, órgano oficial del gobierno, bajo su inmediata censura. En el
momento que nos ocupa —1850— existía “El Paraguayo Independiente”, que
fué más tarde substituido por “El Semanario Ilustrado”, que aparecía los
sábados, y, como el anterior, con mordaza. Con tan limitados medios de
información muy poco podía ilustrarse el pueblo, que seguía viviendo en
el mismo aislamiento espiritual respecto a los acontecimientos sucedidos
más allá del horizonte aldeano. No nos extrañe, que vieran en don José
sólo al anciano que los saludaba sonriente, cuando pasaba en su “Morito“
camino de la iglesia o a visitar algún vecino.
Un día no lo vieron
pasar. Al siguiente tampoco... Don José estaba enfermo. A la mañana
temprano los vecinos madrugadores comentaron que había fallecido,
recibiéndose la noticia con la mayor naturalidad. Cuando se han cumplido
86 años, la muerte ya no sorprende ni al mismo a quien viene a buscar.
Concurrieron los vecinos más cercanos. Como el difunto no tenía deudos
ni dinero para costear el sepelio, aquella buena gente lugareña, a pesar
de sus limitados recursos, contribuyeron en la medida de sus fuerzas
para comprar un pobre cajón donde depositar el cadáver. Pasaron la noche
alternando las horas con rezos y oraciones, piadosa costumbre que aún
subsiste. A la mañana siguiente lo pusieron en una pequeña carreta
tirada por mansa yunta —medio de transporte usado hasta hoy en la
campaña— que marchó dando tumbos entre baches y zanjas hasta el
cementerio de la Recoleta distante poco más de una legua. Allí los
vecinos que se habían impuesto esta caritativa misión, buscaron al cura
de la parroquia P. Cornelio Contreras para que los acompañara a darle
cristiana sepultura. Y como tampoco tenían dinero para comprarle un
sepulcro, lo llevaron al campo santo y lo entregaron a la madre tierra.
Madre,
al fin, no le cobró derechos de sepultura. Allí quedó descansando,
ignorado hasta por los mismos que lo acompañaban, el hombre que encarnó
el sentido político-social de la revolución americana, que con más
sacrificios luchó porque la libertad y la justicia reinaran sobre estos
pueblos. ,
El Padre Contreras volvió a la iglesia, y con la
indiferencia del que realiza todos los dias el mismo trabajo, escribió
en el libro correspondiente la partida de defunción, que es una síntesis
de lo que hemos venido describiendo. En el margen de la página apuntó:
“José de Artiga - Extranjero”.
Y a continuación: “En esta parroquia
de la Recoleta de la Capital, a 23 de setiembre de 1850, yo, el cura
interino de ella enterré en sepultura ordinaria el cadáver de un adulto
llamado José de Artiga, extranjero, de esta feligresía.
Doy fe. — Cornelio Contreras”.
Los
humildes vecinos que lo llevaron, volvieron a sus casas, con la
tranquilidad del que ha cumplido un deber humanitario. Habían dejado
descansando en la paz de la tierra a un hombre bueno, a un extranjero
sin familia, venido quién sabe de dónde! No sabían que habían enterrado
al que no podía considerarse extranjero en ningún rincón de América,
porque había luchado tanto por el futuro feliz de esta patria grande,
que hoy hermana en una gran familia a los hombres que en ella nacieron y
a los que vienen a ella, cumpliendo así uno de sus altos postulados.
Volvió
con ellos al rancho solitario, cabizbajo, el negro Ansina, soldado,
asistente, criado, amigo y deudo. Todo. Digno representante de la patria
oriental ^en aquel momento supremo, rindiendo con su dolor sincero el
homenaje de las únicas lágrimas que humedecieron la fosa del desterrado
anónimo!
Allí quedó, en la soledad del campo santo, una tumba más,
apenas señalada por una tosca cruz de madera, un poco de tierra
removida...
Allí quedaba lo físico, lo humano, lo terrenal; lo que es
capaz de destruirse. Su obra inmensa, sus grandes ideales
americanistas, su ejemplo de desinterés y justicia diluido en las
partículas inmortales de su espíritu, seguirán viviendo mientras haya
corazones orientales y almas americanas capaces de comprender la
grandeza del varón esclarecido, que llegó al martirio en aras de
postuladós redentores.
A los pocos días de acaecido el deceso, “El
Paraguayo Independiente”, con fecha 28 de setiembre, le dedicó el
siguiente artículo necrológico, cuyos datos son tomados del oficio ya
citado, que Francia dirigió al comandante del puerto de Borbón, el 12 de
mayo de 1821. Dice así: “El tiempo acreditó la firme resolución que
había tomado de no volver al suelo donde vió la luz, cuando se' presentó
en Candelaria perseguido por los suyos pidiendo un rincón en la
República donde acabar sus días. Ha tenido para su regreso obligantes y
repetidas invitaciones, tan luego como ha circulado en el exterior la
noticia de que el Gobierno Consular establecido a la muerte del Dictador
Francia, abrió las puertas de la república al comercio exterior y dejó
expedito el regreso de todo extranjero, detenido por el sistema de
aislamiento del régimen fenecido. Pero Artigas se ha excusado en todas
ocasiones.
“Fué uno de los fundadores de la independencia del Estado
Oriental, su patria. El General Artigas ha resistido con pocos recursos
todo el poder de Buenos Aires y disputó la superioridad de las fuerzas
del Brasil.
“Su ascendiente dominaba al indio charrúa, al peón de los estancieros, a los oficiales instruidos, a los elementos de la guerra.
“Derrotado
en su último combate de Tacuarembó, y perseguido por uno de sus
comandantes el caudillo Ramírez, a quien había dejado a guardar más de
cuarenta mil pesos oro se alzó con estos dineros y con ellos sublevó y
aumentó algunas tropas de gente armada... Pidió asilo al gobierno de la
República, diciendo que si no se lo concedía irla, a meterse en los
bosques. Su esperanza fué bien correspondida; él vino destituido de todo
medio de auxilio y el gobierno le hizo dar una asistencia regular
durante su residencia en el suprimido convento de las Mercedes y después
lo hizo llevar a vivir a la villa de San Isidro de Curuguaty.
“En
1845, S. E. el Presidente de la República lo llamó a esta ciudad para
proporcionarle mejor comodidad de la que podría disfrutar en aquel
punto.
“El General Artigas no amaba las ciudades; aun en la vejez
quería la libertad de los campos; en consecuencia fué acomodado en una
chacra de la vecindad de esta capital, donde ha finalizado sus días el
23 del corriente, a los treinta años cumplidos de haber entrado en
Asunción.
“Fué dado a la tierra en el cementerio de la Recoleta.
Pueden sus amigos y parientes tener el consuelo de que nada le faltó, y
de que sucumbió agobiado por el peso de noventa años porque es la muerte
común. Séale la tierra leve".
Páginas 291 a 294
LIBRO ORIGINAL ( ARCHIVOS ECLESIASTICOS) Cementerio Recoleta, Padre Cornelio Contreras
No sabria el padre..., que no se le considera extranjero en ningun rincón de América...
Esta muy claro que el padre Contreras anotaba los entierros diariamente, en la jornada del Lunes 23 de septiembre el total fué de 4 personas. EL DÍA 24 NO ANOTO ENTIERROS.
Para realizar y sostener la presente investigación hemos recurrido a este libro de la iglesia y a los Archivos generales de Asunción, el A.N.A al Decreto sobre creación de un cementerio público en la Recoleta y al documento Establecimiento del Cementerio General en la Recoleta. ambos de 1842.
Nota: fue enterrado en el cauce nro.26 tercer sepulcro, cementerio general.“Campo Santo de los Insolventes”.Se aprecia como el texto original fue modificado, corregido, (tiempo más tarde), se agregaron las S, General, Don, lápida, etc.
Esta incertidumre sobre lo escrito, ya instalado fuertemente en los calendarios, estructuras y hasta en la memoria colectiva de generaciones, y lo que nos muestra la verdadera información recolectada de la época, no coinciden!, los rituales, eucaristía, rosario y otros rezos en la proximidad del ocaso hasta el día presente, estas prácticas de oración, permanecen hoy en día presentes en pleno siglo 21 en el Paraguay.
Con certeza Don José realmente falleció el día comingo 22, velatorio mediante, el lunes 23 por la mañana partio la carreta con bueyes recorriendo los casi 6 kilometros del camino boscoso y selvatico en su época... y que hasta hoy separan Yviray del Cementerio de la Recoleta, actual calle avda. Sacramento.
1er ANUNCIO NECRÓLOGICO EN PARAGUAY
Diario el Paraguayo Independiente, COPIA ORIGINAL
Primera publicación sobre el deceso de Artigas, fecha: 28.09.1850
4
MESES DESPUÉS DE LA MUERTE DE ARTIGAS EL "JORNAL DO COMMERCIO" EN
BRASIL HACÍA LO SUYO ANUNCIANDO EL DECESO EL DIA 13 ENERO DE 1851
(Fué
gracias a esta publicación en Rio de Janeiro que en el Uruguay y
Argentina se supo del deceso del General Artigas casi 5 meses despues.
El periodico rioplatense, o litoraeño, El Porvenir del 5 de febrero de 1851 informaria de su deceso, 5 meses más tarde.
Diseño de Artigas
Autor: Alfred Demersay, 1846-7, Histoire physique, économique et politique du Paraguay et des établissements des Jésuites, Volúmen Atlas ( full-page colored)
Paris, Librairie de L. Hachette et Cie, 1860-65.
miércoles, 14 de septiembre de 2022
Un día como hoy del año 1820, José Artigas entraba en Asunción..

































































